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viernes, 13 de agosto de 2010

Segundo cap. de mi novela.

Otra perdida se asomó a nuestras vidas. El doctor salió de la sala de urgencias para comunicarnos la noticia.
-Lo lamento mucho señor... Iara... ya no está con nosotros...-el medico bajó la mirada cuando terminó de hablar y se retiró del lugar, lentamente.
La fuerza de mis piernas se desvaneció por completo. Estaba segura de esto, pero jamas creí que dolería de esta formaa. Con mi padre estábamos seguros de como serian las cosas, sabíamos de la gravedad que presentaba su enfermedad y aunque lo hicimos y dimos todo por salvarla, fue muy tarde. Ya nada funcionó. Descubrimos su cancer demasiado tarde y nada pudo combatirlo. Mi corazón se rompió por completo y me sentía totalmente perdida ante aquella situación. Por un momento estuve atónita, viéndolo todo desde afuera. Aún sabiendo todo el dolor que estaba enfrentando, estaba demasiado consciente de que esto no era lo peor. ¿Cómo les diríamos a mis hermanos todo esto? ¿Podrían soportar otra pérdida? Ellos estaban muy frágiles y no podíamos herirlos de esta manera. Era demasiado dolor para corazones tan pequeños.
Cerré mis ojos, con las lágrimas posadas en mis mejillas y me dejé caer al piso de rodillas, mientras que mi papá corría hacia mí, y me envolvía en sus brazos. Se sentó a mi lado y apoyó su cabeza en mi espalda, en un frágil intento de ocultar sus lágrimas.
Después de horas, salimos del hospital para irnos a casa y enfrentar esta terrible situación. Tomamos un taxi en la puerta, mi padre le indicó la dirección al chofer con una voz que rápidamente se quebró y se dejó llevar por el silencio que reinaba aquel pequeño auto. Apoyé mi cabeza en el vidrio y las lágrimas comenzaron a caer nuevamente por mis mejillas. Llegamos a mi casa y mi papá se detuvo delante de la puerta, suspiro y en susurro dijo:
-bueno, aquí vamos...-abrió la puerta y tras cerrarla nuevamente gritó anunciando su llegada.
-¡papá!-gritó Martina, mi hermana más chica, saltando a sus brazos.
Todos mis hermanos llegaron a la puerta al escuchar a Martina.
-¿Cómo esta Iara papá?-preguntó, al tiempo que mi papa se sentaba en el sillón, con Martina sobre sus piernas y Max a su lado y Vale del otro costado.
Me pare frente a el, con los brazos cruzados y mirándolo fijamente con mis ojos irritados y colorados de tanto llorar. Mi padre mi miró, sus ojos guardaban gran desesperación y angustia al no tener una respuesta adecuada para mi hermana de 6 años.

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